Dentro de 3 horas estaré viajando rumbo a Grecia, va a ser un viaje de fin de curso inolvidable...Y todos pensarán que será lo típico de estos viajes, parte histórica y caminatas por el día y fiesta (y beber, y ver a los demás beber, y vuelta a beber...) por la noche. Yo tengo el presentimiento de que no será así.
Tengo la sensación de que será inolvidable no sólo por lo típico; sino por todo lo que podré ver...
Y es que uno piensa que al irse de viaje vas a relacionarte, a aprender, y otro tipo de cosas. Pero en realidad, sentiré. No me limitaré a ir de un lado para otro, comiendo y haciendo fotos.
Sentiré la cuna de nuestra civilización, sentiré el pasado, el mustio presente y el espectante futuro de sus tierras. Sentiré a muchos más ciudadanos del mundo, y sentiré la emoción de los compañeros de a diario.
Otro craso error de todo el mundo es pensar que al irse de viaje aprenderás de ese entorno, y sin embargo del que más acabamos aprendiendo es del que huímos. Este maldito pueblo, esta caótica Iglesia maximizada en la que me encuentro (por poco tiempo), será el foco de mi pensamiento durante casi toda la ruta. Paradójico.
Y es que observar consiste en comparar lo nuevo con lo de siempre.
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