11 de noviembre de 2012

Tristemente incapaces de sentir

Hoy ha manado mi inspiración y mis ganas de escribir tras leer un artículo de Javier Marías que, como de costumbre, hacía una crítica social genial que me invitaba a la reflexión.
Al final del texto y como conclusión, una pregunta espléndida con la que terminar su escrito: "¿Alguien piensa?". Una cadencia rota con la que se te cae el alma a los pies. Un punto y coma desafiante...
En nuestra sociedad hoy en día, pocos son los que piensan. Ha llegado un momento en el que me parece que casi todo el mundo a mi alrededor duerme en los laureles, cómodos y conformados con obedecer las órdenes o consejos que les dictan sus padres, jefe o profesor. Con metas fáciles y cortas para no enfrentarse a sus verdaderos deseos, que suelen ser menos accesibles. Con frases rápidas y absurdas que han sido dichas sin pensar, y que dañan la integridad de otros. Moviendo antes los músculos que el cerebro. Con un afán de ignorancia tal, que sorprenden día tras día.
¿Cuál es el problema? ¿Qué falla aquí? No piensan, nadie piensa, nunca. Es demasiado grande para muchos el desafío de enfrentarse a la vida, de conocerte a ti mismo y al resto, de aceptar que quieres cambiar las cosas, de tomar la iniciativa...
¿De verdad creéis que es eso lo que falla?
En mi opinión, el problema reside en otro aspecto fundamental que se encuentra dentro de todos nosotros (aunque a veces parezca mentira). Esta sociedad es degradante precisamente porque nadie siente.
El amor hacia uno mismo y la estima suficiente como para guiarte hacia donde realmente deseas, la fuerza de voluntad para luchar, el cariño y la transparencia para dar a los demás una parte de ti mismo, sin peros, sin trucos. Y sobre todo la capacidad de amar. Cuántas cosas podríamos cambiar si la gente fuese más sensitiva, más expresiva y estuviese dispuesta a arriesgar para amar. Cada minúsculo aspecto de sus vidas cambiaría por completo y nos comprenderíamos mejor los unos a los otros. Y con suerte, y una vez la gente amase, también pensaría. Sin embargo cuántos se engañan dándose aires de autosuficiencia cuando en realidad necesitan un confidente, un amigo o un alma gemela. Cuántos van buscando rollo de aquí para allá sin haber experimentado nunca lo que un verdadero amante puede darte. Cuántos no entienden la promesa de un abrazo o les parece indiferente un beso. Y cada vez desde hace años voy dándome cuenta de todo ello...
[...]"Una nueva era estaba a punto de comenzar:
la del autómata insensible
sin capacidad de amar.
Consumidor de respiros de vida
que no se ahoga por la superficialidad
que le conduce a su muerte.
Obsesivo maquinador
de ofertas vacías,
amante del sinsentido."[...]

Así que, ¿alguien siente?

[...]"Quema todo y arde con ello,
pero como no siente,
es inmune al dolor
y al resquemor de perderse entre ninguna parte."